martes, 4 de mayo de 2010

POESÍA Y REVOLUCION



Estamos claros, de que el poeta es un hombre comprometido. Y su compromiso se expresa, en búsqueda de realzar la esencia de la poesía y la esencia de la vida. La poesía maneja de forma certera el lenguaje, ya que, habla del pueblo, y para el pueblo. Lo más importante eleva la fuerza de ese pueblo; la poesía va de la mano con una sociedad que tiene como modalidad la expresión, la belleza y la profundidad, de las ideas.

¿Pero, que tiene de semejanza, la Poesía con la Revolución? tienen muchas semejanzas, de hecho podemos decir que son parte de un solo cuerpo; una especie de cuerpo armónico. Son más que una esperanza maravillosa, son los caminos correctos, donde conseguiremos la victoria final. Se derivan de una sola idea: una situación social ideal, justicia, equilibrio y armonía.

El encuentro poético nos ofrece el asombro permanente de ver cosas nuevas, nos ofrece el privilegio de poder abrir los ojos y encontrarse con el mundo; con sus misterios indescifrables. Y un proceso revolucionario, un proceso ampliamente involucrado con el pueblo, nos ofrece la alegría, la máxima alegría. Nos da el valor de los hechos cotidianos y la importancia de nuestra condición como seres humanos.


DESPRENDIMIENTO Y LUCHA

En la búsqueda de esa victoria final, dentro de la poesía hay elementos subversivos. Es el momento en que la poesía se convierte en un canto de frente, un canto necesario dispuesto a todo. De esta manera podemos recordar los casos específicos del nicaragüense Roque Dalto o de nuestro poeta inmortal, Víctor Valera Mora. Ellos fueron guerrilleros armados de poemas, ejemplos verídicos del desprendimiento consciente. También conocido como, desprendimiento material, no es fácil arribar a esa zona de vida donde todas nuestras posesiones se reducen a lo mínimo, a lo elemental. Y negarse a la mediocridad de convertirse en comprador y acumulador de bienes, que le hacen sentirse y llamarse “Poderoso”. Definitivamente tenemos que concluir que el desprendimiento es una de las características más visibles de la personalidad de un poeta y de un revolucionario.


LOS HECHOS HISTORICOS


La experiencia vitalista de la “Poesía Revolucionaria” tiene mucho que ver con los años 60 y sus acontecimientos mas trascendentales, el existencialismo francés, la poesía beat norteamericana, la underground inglesa. Pero la poesía revolucionaria latinoamericana no solo toma como influencias todos esos hechos, antes mencionados. Comprende y expresa a través de la razón dialéctica los procesos históricos que ha vivido nuestro pueblo. Una clave para transformar este mundo actual. Allí tenemos el trabajo de Vicente Huidobro, Pablo Neruda o Ernesto Cardenal, entre otros. Y quien no recuerda ese poema del “Chino” Valera Mora, titulado MARAVILLOSO PAIS EN MOVIMIENTO:

Maravilloso país en movimiento
Donde todo avanza o retrocede,
Donde el ayer es un impulso o una despedida

Quien no te conozca
Dirá que eres una imposible querella.

Tantas veces escarnecido
Y siempre de pie con esa alegría.

Libre serás

Si los condenados
No arriban a tus playas
Hacia ellos irás como otros días.

Comienzo y creo en ti
Maravilloso país en movimiento.



FESTIVAL MUNDIAL DE POESÍA Y WILLIAM OSUNA


Para terminar quisiéramos hacer referencia al Festival Mundial de Poesía, en su séptima edición desde el 23 hasta el 29 de mayo, en todo el territorio nacional. Rindiendo homenaje al poeta William Osuna. “Fundada está mi casa” es el lema utilizado para esta edición, frase sustraída de uno de los poemas de Osuna. Este es, otro de los hombres comprometidos con la poesía y la patria, expresando por medio de sus obras la soberanía de nuestra tierra y los acontecimientos cotidianos de las calles de esta inmensa República Bolivariana. Quisiera agregar que dentro de la lista que encabezan los poetas a participar en el festival, están: Rei Berroa (República Dominicana), Malú Urriola (chile), el Premio Nobel de Literatura, Derek Walcott (Santa Lucia), entre otros. Bueno nos despedimos con poesía, El Desalentado, de William Osuna:

Caminaba por los barrios miserables
Incrustado en el cuello de hermosas botellas
Y de ese modo iniciaba un diálogo de condenado
Con los semáforos y tubos de neón…


Emilio Pino

lunes, 3 de mayo de 2010

APUNTES SOBRE EL SOCIALISMO Y EL MARXISMO

_El manifiesto comunista nos revela lo que Marx exigía de la ciencia social en cuanto al análisis objetivo de la situación de cada clase en la sociedad moderna y en relación con el examen de las condiciones de desarrollo de cada clase:
“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar”.

_El marxismo nos proporciona el hilo conductor que permite descubrir una sujeción a leyes en este aparente laberinto y caos, a saber: la teoría de la lucha de clases.

_En el socialismo se debe establecer en un plano superior de conciencia y capacidad la unidad entre el producido del trabajo y su productor, disolviendo la enajenación y la explotación y estableciendo el reino de la justicia y la libertad, es decir, pasando “de la prehistoria a la verdadera historia del género humano”.

_la expropiación del producto excedente del trabajo o plusvalía, origen de la riqueza de los ricos y concreción de la explotación del hombre por el hombre.

_ Materialismo histórico: la afirmación de Marx acerca de que “ No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”, quiere decir más bien que son los hombres y su praxis los que hacen la historia, no las leyes universales. Los hombres, en el proceso histórico de su auto- creación, crean el mundo y los transforman mediante su praxis.

_ La historia no se hace a si misma. Un período histórico cede su paso a otro cuando los hombres son conscientes de su historicidad, y de la necesidad de destruir el orden de cosas existentes.

_ El materialismo histórico mide las condiciones objetivas y se sitúa dentro del proceso de producción o de las leyes universales del movimiento y la materia.

_ la historia sigue siendo, por ello, la historia de la lucha de clases, de la lucha de los oprimidos por mejorar su propia vida material. Es necesario que tengamos en cuenta la lección histórica que nos da el stalinismo para no volver a cometer nunca los mismos errores. Desechemos el dogmatismo y el socialismo real.



Estos apuntes son extraídos de diferentes libros, referentes al Marxismos y al socialismo.

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martes, 27 de abril de 2010

SOCIALISMO Y CULTURA

Nos cayó a la vista hace algún tiempo un artículo en el cual Enrico Leone, de esa forma complicada y nebulosa que le es tan a menudo propia, repetía algunos lugares comunes acerca de la cultura y el intelectualismo en relación con el proletariado, oponiéndoles la práctica, el hecho histórico, con los cuales la clase se está preparando el porvenir con sus propias manos. No nos parece inútil volver sobre este tema, ya otras veces tratado en el grido y que ya se benefició de un estudio más rigurosamente doctrinal, especialmente en la Avanguardia de los jóvenes, en ocasión de la polémica entre Bordiga, de Nápoles, y nuestro Tasca.
Vamos a recordar dos textos: uno de un romántico alemán, Novalis (que vivió de 1772 a 1801), el cual dice: “El problema supremo de la cultura consiste en hacerse dueño del propio yo trascendental, en ser al mismo tiempo el yo del yo propio. Por eso sorprende poco la falta de percepción e intelección completa de los demás. Sin un perfecto conocimiento de nosotros mismos, no podremos conocer verdaderamente a los demás”.
El otro, que resumiremos, es de G.B. Vico. Vico ( en el primer corolario acerca del habla por caracteres poéticos de las primeras naciones, en la Ciencia Nueva) ofrece una interpretación política del famoso dicho de Solón que luego adoptó Sócrates en cuanto a la filosofía, “ Conócete a ti mismo”, y sostiene que Solón quiso con ello exhortar a los plebeyos –que se creían de origen animal y pensaban que los nobles eran de origen divino- a que reflexionaran sobre si mismo para reconocerse de igual naturaleza humana que los nobles, y, por tanto, para que pretendieran ser igualados con ellos en civil derecho. Y en esa conciencia de la igualdad humana de nobles y plebeyos pone luego la base y la razón histórica del origen de las repúblicas democráticas de la antigüedad.
No hemos reunido esos dos textos por capricho. Nos parece que en ellos se indican, aunque no se expresen ni definan por lo largo, los límites y los principios en los cuales debe fundarse una justa compresión del concepto de cultura, también respecto del socialismo.
Hay que perder la costumbre y dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico en el cual el hombre no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en bruto e inconexos que él tendrá luego que encasillarse en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo externo. Esa forma de cultura es verdaderamente dañina, especialmente para el proletariado. Sólo sirve para producir desorientados, gente que se cree superior al resto de la humanidad porque ha amontonado en la memoria cierta cantidad de datos y fechas que desgrana en cada ocasión para levantar una barrera entre sí mismo y los demás. Sólo sirve para producir ese intelectualismo cansino e incoloro tan justa y cruelmente fustigado por Romain Rolland y que ha dado a luz un entera caterva de fantasiosos presuntuosos, más deletéreos para la vida social que los microbios de la tuberculosis o de la sífilis para la belleza y la salud física de los cuerpos. El estudiantillo que sabe un poco de latín y de historia, el abogadillo que ha conseguido arrancar una licenciatura a la desidia y a la irresponsabilidad de los profesores, creerán que son distintos y superiores incluso al mejor obrero especializado, el cual cumple en la vida una tarea bien precisa e indispensable y vale en su actividad cien veces más que esos otros en las suyas. Pero eso no es cultura, sino pedantería; no es inteligencia, sino intelecto, y es justo reaccionar contra ello.
La cultura es cosa muy distinta. Es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por lo cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes. Pero todo eso no puede ocurrir por evolución espontánea, por acciones y reacciones independientes de la voluntad de cada cual, como ocurre en la naturaleza vegetal y animal, en la cual cada individuo se selecciona y especifica sus propios órganos inconscientemente, por la ley fatal de las cosas. El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza. De otro modo no se explicaría por qué, habiendo habido siempre explotados y explotadores, creadores de riqueza y egoístas consumidores de ella, no se ha realizado todavía el socialismo. La razón es que sólo paulatinamente, estrato por estrato, ha conseguido la humanidad conciencia de su valor y se ha conquistado el derecho a vivir con independencia de los esquemas y de los derechos de minorías que se afirmaron antes históricamente. Y esa conciencia no se ha formado bajo el brutal estimulo de las necesidades fisiológicas, sino por la reflexión inteligente de algunos, primero, y, luego, de toda una clase sobre las razones de ciertos hechos y sobre los medios mejores para convertirlos, de ocasión que eran de vasallaje, en signo de rebelión y de reconstrucción social. Eso quiere decir que toda revolución ha sido precedida por un intenso trabajo de critica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos al principio refractarios y sólo atentos a resolver día a día, hora por hora, y para ellos mismos su problema económico y político, sin vínculos de solidaridad con los demás que se encontraban en las mismas condiciones. El último ejemplo, el mas próximo a nosotros y, por eso mismo, el menos diverso del nuestro, es el de la Revolución francesa. El anterior período cultural, llamado de la ilustración y tan difamado por los fáciles críticos de la razón teorética, no fue –o no fue, al menos, completamente- ese revoloteo de superficiales inteligencias enciclopédicas que discurrían de todo y de todos con uniforme imperturbabilidad, que creían ser hombres de su tiempo sólo una vez leída la Gran enciclopedia de D Alembert y Diderot; no fue, en suma, sólo un fenómeno de intelectualismo pedante y árido, como el que hoy tenemos delante y encuentra su mayor despliegue en las Universidades populares de ínfima categoría. Fue una revolución magnifica por lo cual, como agudamente observa De Sanctis en la Storia della letteratura italiana, se formó por toda Europa como una conciencia unitaria, una internacional espiritual burguesa sensible en cada una de sus partes a los dolores y a las desgracias comunes, y que era la mejor preparación de la rebelión sangrienta luego ocurrida en Francia.
En Italia, en Francia, en Alemania se discutían las mismas cosas, las mismas instituciones, los mismos principios. Cada nueva comedia de Voltaire, cada pamphlet nuevo, era como la chispa que pasaba por los hilos, ya tendidos entre Estado y Estado, entre región y región, y se hallaban los mismos consensos y las mismas oposiciones en todas partes y simultáneamente. Las bayonetas del ejército de Napoleón encontraron el camino ya allanado por un ejército invisible de libros, de opúsculos, derramados desde París a partir de la primera del siglo XVIII y que habían preparado a los hombres y las instituciones para la necesaria renovación. Más tarde, una vez que los hechos de Francia consolidaron de nuevo la conciencia, bastaba un movimiento popular en París para provocar otros análogos en Milán, en Viena, y en los centros más pequeños. Todo eso parece natural, espontáneo, a los facilones, pero en realidad sería incompresible si no se conocieran los factores de cultura que contribuyeron a crear aquellos estados de ánimo dispuestos a estallar por una causa que se consideraba común.
El mismo fenómeno se repite hoy para el socialismo. La conciencia unitaria del proletariado se ha formado o se está formando a través de la crítica de la civilización capitalista, y critica quiere decir cultura, y no ya evolución espontánea y naturalista. Crítica quiere decir precisamente esa conciencia del yo que Novalis ponía como finalidad de la cultura. Yo que se opone a los demás, que se diferencia y, tras crearse una meta, juzga los hechos y los acontecimientos, además de en sí y por sí mismos, como valores de de propulsión o de repulsión. Conocerse a sí mismos quiere decir ser lo que se es, quiere decir ser dueños de sí mismo, distinguirse, salir fuera del caso, ser elemento de orden, pero del orden propio y de la propia disciplina a un ideal. Y eso no se puede obtener si no se conoce también a los demás, su historia, el decurso de los esfuerzos que han hecho los demás para ser lo que son, para crear la civilización que han creado y que queremos sustituir por la nuestra.
Quiere decir tener noción de qué es la naturaleza, y de sus leyes, para conocer las leyes que rigen el espíritu. Y aprenderlo todo sin perder de vista la finalidad última, que es conocerse mejor a sí mismos a través de los demás, y a los demás a través de sí mismos.
Si es verdad que la historia universal es una cadena de los esfuerzos que ha hecho el hombre por liberarse de los privilegios, de los prejuicios y de las idolatrías, no se comprende por qué el proletariado, que quiere añadir otro eslabón a esa cadena, no ha de saber cómo, y qué provecho puede conseguir de ese saber.


Antonio GRAMSCI

martes, 20 de abril de 2010

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN: EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN, VLADIMIR LENNIN

La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez más monstruosas. Los países adelantados se convierten- y al decir esto nos referimos a su “retaguardia”- en presidios militares para los obreros.

Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.

Los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Pótresov, Breshkóvskaia, Rubanóvich y luego, bajo una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros en Alemania; Renaudel, Guesde, Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos, en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distinguen por la adaptación vil y lacayuna de los “jefes” del “socialismo”, no sólo a los intereses de “su” Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya tiempo que explotan y esclavizan a muchas nacionalidades pequeñas y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por la participación y el reparto de esa clase de botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al “Estado”.

Comenzamos examinando la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndose de manera especialmente minuciosa en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego, analizaremos especialmente la posición del principal representante de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II internacional (1889- 1914), que tan lamentable bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Finalmente, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa 1905y, sobre todo, de la de 1917. Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no sólo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.

Vladimir Lenin, Agosto de 1917
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lunes, 19 de abril de 2010

TIERRAS PARA LOS PUEBLOS INDÍGENAS: El alpha y omega de una política hacia las comunidades originarías por Esteban Emilio Mosonyi

Nadie duda de la complejidad pluridimensional de una problemática tan antigua y álgida como la indígena, atinente a tantos pueblos con los cuales tenemos deudas históricas seculares aún sin resolver; pero mi experiencia de muchos años me hace saber sin lugar a dudas que el más grave de estos problemas es el de la tierras y territorios que corresponden en justicia a cada uno de estos pueblos y comunidades, luego de una lucha y resistencia de más de quinientos años (500). Sin embargo, me duele muchísimo constatar que en la mayoría de los países, incluyendo a los mas progresistas y revolucionarios, es este el que tarda más tiempo plantear y solucionar, por múltiples razones que trataré de resumir de manera conspicua y didáctica. Generalmente, los indígenas requieren grandes extensiones en virtud de sus culturas especificas que casi siempre involucran una sana itinerancia; por ejemplo, la previsión de no agotar con sus conucos y jardines las nutrientes de suelos pobres como los de la Amazonia: ello ha valido a sus comunidades el reconocimiento internacional de ser los primeros defensores de nuestros grandes pulmones vegetales, reservas hídricas y de lo que nos queda de ozono. A esto se suma la existencia de lugares sagrados, cementerios y vías de comunicación que unen unas aldeas con otras e imprimen al conjunto territorial cierta continuidad: en efecto, el mayor temor de estos pueblos, desgraciadamente bien fundamentado, es el de ser desintegrados y reducidos a pequeños manchones de minifundios rodeados por poblaciones extrañas a su identidad, junto con sus obras interventoras y sus haciendas de dimensiones progresivamente mayores.

En relación con este punto, para cualquier ser pensante y dotado de una mínima sensibilidad se le hace evidente que son múltiples y diversas las apetencias dirigidas a echar mano de los territorios originalmente poblados por nuestros primeros habitantes. Digo, territorios, aunque la palabra no figure en la constitución, porque ninguna comunidad sana y viable se conforma estrictamente con la porción de tierras bajo cultivo en un momento dado de su existencia histórica. Esto es algo que hay que respetar si de verdad le damos rango de categoría al llamado “Socialismo indígena”, que tanto tiene que aportar a cualquier modelo societario transformador como seria el caso, en primerísimo del termino de nuestro socialismo de siglo XXI; ya anunciado pero que sigue tardando en aparecer con características propias, es decir, inconfundiblemente endógenas. Están por un lado los terratenientes actuales quienes, en virtud de sus propios intereses acumulados, se niega a abandonar sus posesiones y como mínimo exigen las bienhechurías. Pero esto es solo una parte del problema. En todos los países amazónicos incluyendo a Venezuela, la migración de nuevos pobladores y colonos hacia las zonas indígenas continúa sin cesar, entre los cuales se encuentran candidatos a terratenientes pero también gente de extracción paupérrima. Lo cierto es que sin una buena protección jurídica, esmeradamente mantenida y supervisada, la mayoría de las comunidades autóctonas permanecen indefensas. Esto es especialmente cierto cuando se trata de grupos irregulares como los paramilitares y narcotraficantes del vecino país, pero igualmente sucede con los refugiados colombianos que buscan amparo entre nosotros.



Por otra parte, está la presencia arrolladora de las trasnacionales madereras y mineras de toda laya, a la que se suman también los mineros artesanales, generalmente ilegales, cuyos exponentes más conocidos son los garimpeiros brasileños, pero también existen de otras nacionalidades. Nuestro propio gobierno está influenciado por sectores provistos de un importante poder económico y político que propicia fortalecer entre nosotros la minería legal- no menos contaminante ni interventora de la superficie boscosa que su contraparte ilegal- frecuentemente a través de convenios internacionales de importante peso especifico. Aún no hemos llegado a una enumeración exhaustiva ni tocamos los detalles menos obvios; pero ya con esta lista parcial tenemos elementos suficientes para afirmar que los pueblos y comunidades indígenas siguen corriendo un grave peligro en toda su existencia como culturas y especificas y principalmente en la posesión continuada de sus tierras tradicionales o de cualquier extensión utilizable que se usufructúan en la actualidad. Es indudable que la Constitución Bolivariana y un conjunto de disposiciones normativas de data reciente, especialmente la ley de los pueblos y comunidades indígenas protegen a las mismas al menos en lo jurídico y formal. No obstante en la realidad concreta de estos diez años de proceso revolucionario, poco se ha avanzado en esta materia y más bien se han acumulado multitud de problemas relacionados con la demarcación de las tierras comunales y la consolidación definitiva de los asentamientos actuales. Desde luego, la culpa no puede atribuírseles exclusivamente ni unilateralmente a las autoridades de distinto nivel como tampoco a las instituciones responsables. Ha estado presente la desorganización de los propios pueblos indígenas y de sus movimientos representativos, entre los cuales ha surgido situaciones de innegables desacuerdos y falta de persistencia en sus justas peticiones.
Es también necesario mencionar la influencia a veces negativa de algunas ONG y de ciertas misiones religiosas, incluso más allá de las archiconocidas Nuevas Tribus y otras agrupaciones análogas. Pero también es cierto que lamentablemente y en forma gradual los pueblos indígenas han dejado de ser prioritarios al menos durante los últimos cinco años. Tal hecho amerita una solución urgente y cónsona con la gravedad del tema planteado, en beneficio del país y del planeta entero.




Esteban Emilio Mosonyi


(Este documento es parte de la recopilación de, material revolucionario y socialista. Que lleva acabo Camino Socialista, Para formar y seguir alimentando la memoria histórica)


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miércoles, 24 de febrero de 2010

EL UNICO CAMINO ES EL SOCIALISMO

EL CAMINO SOCIALISTA procura ser un espacio de reflexión y de profundo debate ideológico, dialectico; para la acción revolucionaria, impulsando el socialismo Bolivariano que cada día estamos dispuestos a materializar. Reflexiones desde el quehacer diario, es una síntesis de una praxis concreta por la construcción del poder popular y del socialismo.

Comprendemos que es necesario el debate y que debe avivarse en el seno del pueblo para poder fortalecer la base espiritual necesaria para concretar el sueño de la emancipación popular. Debemos entender que discurso y teoría sin práctica, no solo es insuficiente, si no que es inmoral. Pero también hay una escasa producción de obras teóricas y políticas que estén relacionadas con los desafíos de hoy, el estudio permanente de la relación entre la teoría y la practica, es algo así como, pensar y actuar a la vez, sin disociar pensamiento y acción. Sigamos el ejemplo de nuestro presidente Hugo Chávez; del estudio continuo; de las diferentes situaciones sociales y políticas que rodean nuestra revolución, ya que la calidad tiene como base el estudio y la ejecución practica de ese estudio.

Desde esta humilde trinchera defenderemos y aportaremos mecanismos para la trasformación del sistema, de la sociedad.
Creemos en la pureza de las ideas, en su radicalización. Aquí no existirá el reformismo ni el revisionismo, hay que confrontar el oportunismo dentro de la revolución pero con una acción revolucionaria verdadera. No habrá socialismo sin Chávez, y sin poder popular, debemos construir el sujeto histórico a través de la participación con todas las estrategias que se alejen del burocratismo.

EL CAMINO SOCIALISTA saldrá cada vez que sea posible, tomando en cuenta que los recursos materiales no están de nuestro lado, pero eso no es un impedimento, estaremos siempre en pie de lucha para concretar la patria que todos soñamos.

La luz de la historia alumbrara nuestra Revolución llevaremos con orgullo la espada de Bolívar en este lucha Bicentenaria. Esperamos que este sea el comienzo de un largo camino.


lunes, 22 de febrero de 2010

ORIGENES HISTORICOS DEL CONCEPTO DE CLASES SOCIALES

El concepto de clase social no fue una creación del marxismo. Desde la antigüedad griega (y aun se han encontrado documentos egipcios donde se plantea la existencia de clases en la sociedad), Aristóteles divide la sociedad en esclavos y hombres libres. Además, en la Política clasificaba a los ciudadanos en pobres, clase media y ricos. En este mismo libro, Aristóteles establece relaciones entre formas de gobierno y predominio de ciertas clases sociales. También entre los patriarcas de la iglesia, según Stanislav Ossowsky, era bastante nítida la conciencia de una sociedad esclavista que se presentaba junto a la idea de la igualdad social. Los actos de los Apóstoles y el Nuevo Testamento están llenos de referencias a las clases sociales, siempre observadas desde el punto de vista de la relación entre pobres y ricos o de las relaciones esclavistas.

Santo Tomás dividía la sociedad en órdenes sociales bastante rígidos, que reflejaban la cristalización de la jerarquía feudal en la alta edad media. Lo mismo, ciertamente, se podría constatar al estudiar la tradición cultural del Oriente y del Mundo árabe.

En vísperas de la Revolución Francesa, la percepción de la existencia de clases sociales era bastante aguda. La representación de los tres órdenes sociales se tornó un elemento bastante claro de la conciencia social. En Babeuf vamos a encontrar una representación muy clara de la lucha de clases como factor determinante de la lucha política. Su interpretación de la Revolución Francesa, de las constituciones por ella promulgadas y su visión de la sociedad futura, estuvieron profundamente marcadas por la noción de la lucha de clases.

Con Adam Smith, la economía burguesa elaboró una clara visión de las clases fundamentales de la sociedad burguesa basada en su función económica. Las clases agraria, industrial y asalariada hallaban su origen en las fuentes básicas de la renta: la tierra, el capital y el trabajo. Mientras que Saint-Simon veía la sociedad dividida en dos clases: la clase industrial y la clase ociosa. Y Proundhon, por su parte, llegó claramente a la idea de la propiedad como origen de la división de la sociedad en clases. Idea que también existía de modo más impreciso en Rousseau.

Como se puede notar, en el siglo XIX el concepto de clase se identifica con el funcionamiento mismo de la sociedad. Lo que hace Karl Marx es exactamente dar al concepto de clase no sólo una dimensión científica sino también atribuirle el papel de base de explicación de la sociedad y de su historia. Sin embargo, a pesar de la importancia fundamental del concepto de clases sociales en su obra, éste no va a recibir el tratamiento sistemático y riguroso dado a otros conceptos. Pues su obra maestra, El capital, quedó interrumpida exactamente en el capítulo donde empezaba a tratar las clases sociales. En Obras anteriores Marx emplea este concepto, a veces sin mucho rigor, lo cual originó una serie de confusiones sobre su verdadero sentido. Finalmente, hay que imaginarse que Marx, como todo pensador, desarrolló este concepto en el transcurso de sus investigaciones, lo cual implica que lo fuera sistematizado progresivamente.

Todos estos hechos dieron origen a un gran número de confusiones acerca de este concepto, confusiones que, en general, están vinculadas a la interpretación del propio pensamiento marxista. En este estudio seleccionamos dos críticas que se fundamentan en el carácter contradictorio que el concepto de clases revestía en Marx, pues creemos que la tarea de aclarar estas aparentes contradicciones es fundamental para poder llegar a un concepto científico de las clases sociales.



Extraído del libro Concepto de Clases Sociales del sociólogo brasileño Theotonio Dos Santos.

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