martes, 27 de abril de 2010

SOCIALISMO Y CULTURA

Nos cayó a la vista hace algún tiempo un artículo en el cual Enrico Leone, de esa forma complicada y nebulosa que le es tan a menudo propia, repetía algunos lugares comunes acerca de la cultura y el intelectualismo en relación con el proletariado, oponiéndoles la práctica, el hecho histórico, con los cuales la clase se está preparando el porvenir con sus propias manos. No nos parece inútil volver sobre este tema, ya otras veces tratado en el grido y que ya se benefició de un estudio más rigurosamente doctrinal, especialmente en la Avanguardia de los jóvenes, en ocasión de la polémica entre Bordiga, de Nápoles, y nuestro Tasca.
Vamos a recordar dos textos: uno de un romántico alemán, Novalis (que vivió de 1772 a 1801), el cual dice: “El problema supremo de la cultura consiste en hacerse dueño del propio yo trascendental, en ser al mismo tiempo el yo del yo propio. Por eso sorprende poco la falta de percepción e intelección completa de los demás. Sin un perfecto conocimiento de nosotros mismos, no podremos conocer verdaderamente a los demás”.
El otro, que resumiremos, es de G.B. Vico. Vico ( en el primer corolario acerca del habla por caracteres poéticos de las primeras naciones, en la Ciencia Nueva) ofrece una interpretación política del famoso dicho de Solón que luego adoptó Sócrates en cuanto a la filosofía, “ Conócete a ti mismo”, y sostiene que Solón quiso con ello exhortar a los plebeyos –que se creían de origen animal y pensaban que los nobles eran de origen divino- a que reflexionaran sobre si mismo para reconocerse de igual naturaleza humana que los nobles, y, por tanto, para que pretendieran ser igualados con ellos en civil derecho. Y en esa conciencia de la igualdad humana de nobles y plebeyos pone luego la base y la razón histórica del origen de las repúblicas democráticas de la antigüedad.
No hemos reunido esos dos textos por capricho. Nos parece que en ellos se indican, aunque no se expresen ni definan por lo largo, los límites y los principios en los cuales debe fundarse una justa compresión del concepto de cultura, también respecto del socialismo.
Hay que perder la costumbre y dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico en el cual el hombre no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en bruto e inconexos que él tendrá luego que encasillarse en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo externo. Esa forma de cultura es verdaderamente dañina, especialmente para el proletariado. Sólo sirve para producir desorientados, gente que se cree superior al resto de la humanidad porque ha amontonado en la memoria cierta cantidad de datos y fechas que desgrana en cada ocasión para levantar una barrera entre sí mismo y los demás. Sólo sirve para producir ese intelectualismo cansino e incoloro tan justa y cruelmente fustigado por Romain Rolland y que ha dado a luz un entera caterva de fantasiosos presuntuosos, más deletéreos para la vida social que los microbios de la tuberculosis o de la sífilis para la belleza y la salud física de los cuerpos. El estudiantillo que sabe un poco de latín y de historia, el abogadillo que ha conseguido arrancar una licenciatura a la desidia y a la irresponsabilidad de los profesores, creerán que son distintos y superiores incluso al mejor obrero especializado, el cual cumple en la vida una tarea bien precisa e indispensable y vale en su actividad cien veces más que esos otros en las suyas. Pero eso no es cultura, sino pedantería; no es inteligencia, sino intelecto, y es justo reaccionar contra ello.
La cultura es cosa muy distinta. Es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por lo cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes. Pero todo eso no puede ocurrir por evolución espontánea, por acciones y reacciones independientes de la voluntad de cada cual, como ocurre en la naturaleza vegetal y animal, en la cual cada individuo se selecciona y especifica sus propios órganos inconscientemente, por la ley fatal de las cosas. El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza. De otro modo no se explicaría por qué, habiendo habido siempre explotados y explotadores, creadores de riqueza y egoístas consumidores de ella, no se ha realizado todavía el socialismo. La razón es que sólo paulatinamente, estrato por estrato, ha conseguido la humanidad conciencia de su valor y se ha conquistado el derecho a vivir con independencia de los esquemas y de los derechos de minorías que se afirmaron antes históricamente. Y esa conciencia no se ha formado bajo el brutal estimulo de las necesidades fisiológicas, sino por la reflexión inteligente de algunos, primero, y, luego, de toda una clase sobre las razones de ciertos hechos y sobre los medios mejores para convertirlos, de ocasión que eran de vasallaje, en signo de rebelión y de reconstrucción social. Eso quiere decir que toda revolución ha sido precedida por un intenso trabajo de critica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos al principio refractarios y sólo atentos a resolver día a día, hora por hora, y para ellos mismos su problema económico y político, sin vínculos de solidaridad con los demás que se encontraban en las mismas condiciones. El último ejemplo, el mas próximo a nosotros y, por eso mismo, el menos diverso del nuestro, es el de la Revolución francesa. El anterior período cultural, llamado de la ilustración y tan difamado por los fáciles críticos de la razón teorética, no fue –o no fue, al menos, completamente- ese revoloteo de superficiales inteligencias enciclopédicas que discurrían de todo y de todos con uniforme imperturbabilidad, que creían ser hombres de su tiempo sólo una vez leída la Gran enciclopedia de D Alembert y Diderot; no fue, en suma, sólo un fenómeno de intelectualismo pedante y árido, como el que hoy tenemos delante y encuentra su mayor despliegue en las Universidades populares de ínfima categoría. Fue una revolución magnifica por lo cual, como agudamente observa De Sanctis en la Storia della letteratura italiana, se formó por toda Europa como una conciencia unitaria, una internacional espiritual burguesa sensible en cada una de sus partes a los dolores y a las desgracias comunes, y que era la mejor preparación de la rebelión sangrienta luego ocurrida en Francia.
En Italia, en Francia, en Alemania se discutían las mismas cosas, las mismas instituciones, los mismos principios. Cada nueva comedia de Voltaire, cada pamphlet nuevo, era como la chispa que pasaba por los hilos, ya tendidos entre Estado y Estado, entre región y región, y se hallaban los mismos consensos y las mismas oposiciones en todas partes y simultáneamente. Las bayonetas del ejército de Napoleón encontraron el camino ya allanado por un ejército invisible de libros, de opúsculos, derramados desde París a partir de la primera del siglo XVIII y que habían preparado a los hombres y las instituciones para la necesaria renovación. Más tarde, una vez que los hechos de Francia consolidaron de nuevo la conciencia, bastaba un movimiento popular en París para provocar otros análogos en Milán, en Viena, y en los centros más pequeños. Todo eso parece natural, espontáneo, a los facilones, pero en realidad sería incompresible si no se conocieran los factores de cultura que contribuyeron a crear aquellos estados de ánimo dispuestos a estallar por una causa que se consideraba común.
El mismo fenómeno se repite hoy para el socialismo. La conciencia unitaria del proletariado se ha formado o se está formando a través de la crítica de la civilización capitalista, y critica quiere decir cultura, y no ya evolución espontánea y naturalista. Crítica quiere decir precisamente esa conciencia del yo que Novalis ponía como finalidad de la cultura. Yo que se opone a los demás, que se diferencia y, tras crearse una meta, juzga los hechos y los acontecimientos, además de en sí y por sí mismos, como valores de de propulsión o de repulsión. Conocerse a sí mismos quiere decir ser lo que se es, quiere decir ser dueños de sí mismo, distinguirse, salir fuera del caso, ser elemento de orden, pero del orden propio y de la propia disciplina a un ideal. Y eso no se puede obtener si no se conoce también a los demás, su historia, el decurso de los esfuerzos que han hecho los demás para ser lo que son, para crear la civilización que han creado y que queremos sustituir por la nuestra.
Quiere decir tener noción de qué es la naturaleza, y de sus leyes, para conocer las leyes que rigen el espíritu. Y aprenderlo todo sin perder de vista la finalidad última, que es conocerse mejor a sí mismos a través de los demás, y a los demás a través de sí mismos.
Si es verdad que la historia universal es una cadena de los esfuerzos que ha hecho el hombre por liberarse de los privilegios, de los prejuicios y de las idolatrías, no se comprende por qué el proletariado, que quiere añadir otro eslabón a esa cadena, no ha de saber cómo, y qué provecho puede conseguir de ese saber.


Antonio GRAMSCI

martes, 20 de abril de 2010

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN: EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN, VLADIMIR LENNIN

La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez más monstruosas. Los países adelantados se convierten- y al decir esto nos referimos a su “retaguardia”- en presidios militares para los obreros.

Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.

Los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Pótresov, Breshkóvskaia, Rubanóvich y luego, bajo una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros en Alemania; Renaudel, Guesde, Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos, en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distinguen por la adaptación vil y lacayuna de los “jefes” del “socialismo”, no sólo a los intereses de “su” Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya tiempo que explotan y esclavizan a muchas nacionalidades pequeñas y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por la participación y el reparto de esa clase de botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al “Estado”.

Comenzamos examinando la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndose de manera especialmente minuciosa en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego, analizaremos especialmente la posición del principal representante de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II internacional (1889- 1914), que tan lamentable bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Finalmente, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa 1905y, sobre todo, de la de 1917. Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no sólo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.

Vladimir Lenin, Agosto de 1917
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lunes, 19 de abril de 2010

TIERRAS PARA LOS PUEBLOS INDÍGENAS: El alpha y omega de una política hacia las comunidades originarías por Esteban Emilio Mosonyi

Nadie duda de la complejidad pluridimensional de una problemática tan antigua y álgida como la indígena, atinente a tantos pueblos con los cuales tenemos deudas históricas seculares aún sin resolver; pero mi experiencia de muchos años me hace saber sin lugar a dudas que el más grave de estos problemas es el de la tierras y territorios que corresponden en justicia a cada uno de estos pueblos y comunidades, luego de una lucha y resistencia de más de quinientos años (500). Sin embargo, me duele muchísimo constatar que en la mayoría de los países, incluyendo a los mas progresistas y revolucionarios, es este el que tarda más tiempo plantear y solucionar, por múltiples razones que trataré de resumir de manera conspicua y didáctica. Generalmente, los indígenas requieren grandes extensiones en virtud de sus culturas especificas que casi siempre involucran una sana itinerancia; por ejemplo, la previsión de no agotar con sus conucos y jardines las nutrientes de suelos pobres como los de la Amazonia: ello ha valido a sus comunidades el reconocimiento internacional de ser los primeros defensores de nuestros grandes pulmones vegetales, reservas hídricas y de lo que nos queda de ozono. A esto se suma la existencia de lugares sagrados, cementerios y vías de comunicación que unen unas aldeas con otras e imprimen al conjunto territorial cierta continuidad: en efecto, el mayor temor de estos pueblos, desgraciadamente bien fundamentado, es el de ser desintegrados y reducidos a pequeños manchones de minifundios rodeados por poblaciones extrañas a su identidad, junto con sus obras interventoras y sus haciendas de dimensiones progresivamente mayores.

En relación con este punto, para cualquier ser pensante y dotado de una mínima sensibilidad se le hace evidente que son múltiples y diversas las apetencias dirigidas a echar mano de los territorios originalmente poblados por nuestros primeros habitantes. Digo, territorios, aunque la palabra no figure en la constitución, porque ninguna comunidad sana y viable se conforma estrictamente con la porción de tierras bajo cultivo en un momento dado de su existencia histórica. Esto es algo que hay que respetar si de verdad le damos rango de categoría al llamado “Socialismo indígena”, que tanto tiene que aportar a cualquier modelo societario transformador como seria el caso, en primerísimo del termino de nuestro socialismo de siglo XXI; ya anunciado pero que sigue tardando en aparecer con características propias, es decir, inconfundiblemente endógenas. Están por un lado los terratenientes actuales quienes, en virtud de sus propios intereses acumulados, se niega a abandonar sus posesiones y como mínimo exigen las bienhechurías. Pero esto es solo una parte del problema. En todos los países amazónicos incluyendo a Venezuela, la migración de nuevos pobladores y colonos hacia las zonas indígenas continúa sin cesar, entre los cuales se encuentran candidatos a terratenientes pero también gente de extracción paupérrima. Lo cierto es que sin una buena protección jurídica, esmeradamente mantenida y supervisada, la mayoría de las comunidades autóctonas permanecen indefensas. Esto es especialmente cierto cuando se trata de grupos irregulares como los paramilitares y narcotraficantes del vecino país, pero igualmente sucede con los refugiados colombianos que buscan amparo entre nosotros.



Por otra parte, está la presencia arrolladora de las trasnacionales madereras y mineras de toda laya, a la que se suman también los mineros artesanales, generalmente ilegales, cuyos exponentes más conocidos son los garimpeiros brasileños, pero también existen de otras nacionalidades. Nuestro propio gobierno está influenciado por sectores provistos de un importante poder económico y político que propicia fortalecer entre nosotros la minería legal- no menos contaminante ni interventora de la superficie boscosa que su contraparte ilegal- frecuentemente a través de convenios internacionales de importante peso especifico. Aún no hemos llegado a una enumeración exhaustiva ni tocamos los detalles menos obvios; pero ya con esta lista parcial tenemos elementos suficientes para afirmar que los pueblos y comunidades indígenas siguen corriendo un grave peligro en toda su existencia como culturas y especificas y principalmente en la posesión continuada de sus tierras tradicionales o de cualquier extensión utilizable que se usufructúan en la actualidad. Es indudable que la Constitución Bolivariana y un conjunto de disposiciones normativas de data reciente, especialmente la ley de los pueblos y comunidades indígenas protegen a las mismas al menos en lo jurídico y formal. No obstante en la realidad concreta de estos diez años de proceso revolucionario, poco se ha avanzado en esta materia y más bien se han acumulado multitud de problemas relacionados con la demarcación de las tierras comunales y la consolidación definitiva de los asentamientos actuales. Desde luego, la culpa no puede atribuírseles exclusivamente ni unilateralmente a las autoridades de distinto nivel como tampoco a las instituciones responsables. Ha estado presente la desorganización de los propios pueblos indígenas y de sus movimientos representativos, entre los cuales ha surgido situaciones de innegables desacuerdos y falta de persistencia en sus justas peticiones.
Es también necesario mencionar la influencia a veces negativa de algunas ONG y de ciertas misiones religiosas, incluso más allá de las archiconocidas Nuevas Tribus y otras agrupaciones análogas. Pero también es cierto que lamentablemente y en forma gradual los pueblos indígenas han dejado de ser prioritarios al menos durante los últimos cinco años. Tal hecho amerita una solución urgente y cónsona con la gravedad del tema planteado, en beneficio del país y del planeta entero.




Esteban Emilio Mosonyi


(Este documento es parte de la recopilación de, material revolucionario y socialista. Que lleva acabo Camino Socialista, Para formar y seguir alimentando la memoria histórica)


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miércoles, 24 de febrero de 2010

EL UNICO CAMINO ES EL SOCIALISMO

EL CAMINO SOCIALISTA procura ser un espacio de reflexión y de profundo debate ideológico, dialectico; para la acción revolucionaria, impulsando el socialismo Bolivariano que cada día estamos dispuestos a materializar. Reflexiones desde el quehacer diario, es una síntesis de una praxis concreta por la construcción del poder popular y del socialismo.

Comprendemos que es necesario el debate y que debe avivarse en el seno del pueblo para poder fortalecer la base espiritual necesaria para concretar el sueño de la emancipación popular. Debemos entender que discurso y teoría sin práctica, no solo es insuficiente, si no que es inmoral. Pero también hay una escasa producción de obras teóricas y políticas que estén relacionadas con los desafíos de hoy, el estudio permanente de la relación entre la teoría y la practica, es algo así como, pensar y actuar a la vez, sin disociar pensamiento y acción. Sigamos el ejemplo de nuestro presidente Hugo Chávez; del estudio continuo; de las diferentes situaciones sociales y políticas que rodean nuestra revolución, ya que la calidad tiene como base el estudio y la ejecución practica de ese estudio.

Desde esta humilde trinchera defenderemos y aportaremos mecanismos para la trasformación del sistema, de la sociedad.
Creemos en la pureza de las ideas, en su radicalización. Aquí no existirá el reformismo ni el revisionismo, hay que confrontar el oportunismo dentro de la revolución pero con una acción revolucionaria verdadera. No habrá socialismo sin Chávez, y sin poder popular, debemos construir el sujeto histórico a través de la participación con todas las estrategias que se alejen del burocratismo.

EL CAMINO SOCIALISTA saldrá cada vez que sea posible, tomando en cuenta que los recursos materiales no están de nuestro lado, pero eso no es un impedimento, estaremos siempre en pie de lucha para concretar la patria que todos soñamos.

La luz de la historia alumbrara nuestra Revolución llevaremos con orgullo la espada de Bolívar en este lucha Bicentenaria. Esperamos que este sea el comienzo de un largo camino.


lunes, 22 de febrero de 2010

ORIGENES HISTORICOS DEL CONCEPTO DE CLASES SOCIALES

El concepto de clase social no fue una creación del marxismo. Desde la antigüedad griega (y aun se han encontrado documentos egipcios donde se plantea la existencia de clases en la sociedad), Aristóteles divide la sociedad en esclavos y hombres libres. Además, en la Política clasificaba a los ciudadanos en pobres, clase media y ricos. En este mismo libro, Aristóteles establece relaciones entre formas de gobierno y predominio de ciertas clases sociales. También entre los patriarcas de la iglesia, según Stanislav Ossowsky, era bastante nítida la conciencia de una sociedad esclavista que se presentaba junto a la idea de la igualdad social. Los actos de los Apóstoles y el Nuevo Testamento están llenos de referencias a las clases sociales, siempre observadas desde el punto de vista de la relación entre pobres y ricos o de las relaciones esclavistas.

Santo Tomás dividía la sociedad en órdenes sociales bastante rígidos, que reflejaban la cristalización de la jerarquía feudal en la alta edad media. Lo mismo, ciertamente, se podría constatar al estudiar la tradición cultural del Oriente y del Mundo árabe.

En vísperas de la Revolución Francesa, la percepción de la existencia de clases sociales era bastante aguda. La representación de los tres órdenes sociales se tornó un elemento bastante claro de la conciencia social. En Babeuf vamos a encontrar una representación muy clara de la lucha de clases como factor determinante de la lucha política. Su interpretación de la Revolución Francesa, de las constituciones por ella promulgadas y su visión de la sociedad futura, estuvieron profundamente marcadas por la noción de la lucha de clases.

Con Adam Smith, la economía burguesa elaboró una clara visión de las clases fundamentales de la sociedad burguesa basada en su función económica. Las clases agraria, industrial y asalariada hallaban su origen en las fuentes básicas de la renta: la tierra, el capital y el trabajo. Mientras que Saint-Simon veía la sociedad dividida en dos clases: la clase industrial y la clase ociosa. Y Proundhon, por su parte, llegó claramente a la idea de la propiedad como origen de la división de la sociedad en clases. Idea que también existía de modo más impreciso en Rousseau.

Como se puede notar, en el siglo XIX el concepto de clase se identifica con el funcionamiento mismo de la sociedad. Lo que hace Karl Marx es exactamente dar al concepto de clase no sólo una dimensión científica sino también atribuirle el papel de base de explicación de la sociedad y de su historia. Sin embargo, a pesar de la importancia fundamental del concepto de clases sociales en su obra, éste no va a recibir el tratamiento sistemático y riguroso dado a otros conceptos. Pues su obra maestra, El capital, quedó interrumpida exactamente en el capítulo donde empezaba a tratar las clases sociales. En Obras anteriores Marx emplea este concepto, a veces sin mucho rigor, lo cual originó una serie de confusiones sobre su verdadero sentido. Finalmente, hay que imaginarse que Marx, como todo pensador, desarrolló este concepto en el transcurso de sus investigaciones, lo cual implica que lo fuera sistematizado progresivamente.

Todos estos hechos dieron origen a un gran número de confusiones acerca de este concepto, confusiones que, en general, están vinculadas a la interpretación del propio pensamiento marxista. En este estudio seleccionamos dos críticas que se fundamentan en el carácter contradictorio que el concepto de clases revestía en Marx, pues creemos que la tarea de aclarar estas aparentes contradicciones es fundamental para poder llegar a un concepto científico de las clases sociales.



Extraído del libro Concepto de Clases Sociales del sociólogo brasileño Theotonio Dos Santos.

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martes, 9 de febrero de 2010


Traducido del portugués por Guillermo F. Parodi(Entrevista realizada para el semanario brasileño Brasil de Fato)
En la opinión del politólogo Eric Toussaint, uno de los fundadores del FSM, que está en su décima edición, se debe crear un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales para llevar a cabo acciones políticas conjuntas.
El politólogo Eric Toussaint, es uno de los integrantes del Consejo Internacional del Foro Social Mundial (FSM), y uno de los defensores de la propuesta de que ese espacio se transforme en una plataforma de mayor incidencia política en las luchas sociales a lo largo y a lo ancho del mundo. Por el momento, no le preocupa demasiado la resistencia de ciertos sectores integrantes del FSM, que quieren mantener el formato original del evento. Para Toussaint, la solución es sencilla: "Si el Foro no quiere hacerlo, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro".En conversación con Brasil de fato 1, Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) de Bélgica, defiende el diálogo entre movimientos y partidos siguiendo la propuesta del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sobre la creación de una Quinta Internacional. En la entrevista que sigue, habla de la crisis económica mundial, de las iniciativas de integración del subcontinente Latinoamericano y del ascenso de los países del Bric (Brasil, Rusia, India y China) en el escenario internacional, potencias, que a su criterio, no son una alternativa progresista al viejo orden: "Lo que buscan es negociar con los viejos imperialismos su lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales".EntrevistaBrasil de Fato - ¿Cómo evalúa las dos visiones diferentes expuestas en el debate de apertura del Foro Social Mundial: por un lado, la que propone el "uso" del Foro como una plataforma política, con más poder de acción e incidencia política, y por el otro, la que defiende la idea de que el Foro mantenga su formato original, como un espacio para el intercambio de ideas?Eric Toussaint - Es necesario tener un instrumento internacional para definir las prioridades en términos de demandas, de objetivos. Un calendario común de acción, un instrumento que permita elaborar una estrategia común. Si el Foro no lo permite, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro. Pienso que éste tiene su razón de existir, tiene sus ventajas, pero si algún sector no quiere una evolución hacia su transformación en un instrumento de movilización, es preferible construir otro con las organizaciones e individuos que estén convencidos de esa necesidad. Esto no impediría la continuación de la participación activa en el Foro. Digo esto para evitar una escisión, un debate sin fin que paraliza más que ayuda. Está claro que existe un sector que prefiere mantener el carácter de un Foro de discusión, de debate y que no se transforme en un instrumento de acción.¿Es un sector bastante fuerte, no?Sí. Es una parte del núcleo histórico que hizo la convocatoria para la formación del Foro. Pero no constituyen la totalidad del núcleo histórico, puesto que el MST 2 también es parte de ese núcleo. Y nosotros también, el CADTM forma parte del Consejo Internacional del Foro desde su creación, en junio de 2001. Pero es evidente que organizaciones como Ibase 3, y personalidades como Chico Whitaker y Oded Grajew, se oponen a que el foro evolucione hacia un instrumento de lucha. Lo que me preocupó al llegar a Porto Alegre fue constatar que el seminario "10 años después" estaba patrocinado por Petrobras, Caixa, Banco do Brasil, Itaipú Binacional y que había una fuerte presencia del gobierno. Obviamente, eso es preocupante. Preferiría un foro con mucho menos apoyo financiero pero más militante. Podemos apoyarnos en las fuerzas voluntarias militantes, alojamiento solidario en casas, o en el campo, con la infraestructura necesaria, en escuelas, etc.¿Y cuál sería el nuevo instrumento al que usted se refiere?Existe una propuesta que, realmente, tuvo bastante poca repercusión. Se trata de la convocatoria realizada por Hugo Chávez a fines de noviembre 2009, para la creación de una Quinta Internacional, reuniendo movimientos sociales y partidos de izquierda. Pienso que la propuesta es, en principio, muy interesante. Puede ser una buena posibilidad si genera una reflexión, un diálogo entre partidos y movimientos sociales: una Quinta Internacional como instrumento de convergencias para la acción y para la elaboración de un modelo alternativo. Sin embargo, desde mi punto de vista, no sería una organización como las Internacionales anteriores, que eran -o todavía son, pues la Cuarta Internacional continúa existiendo- organizaciones de partidos con un nivel de centralización bastante elevado. Considero que la Quinta Internacional no debería tener ese alto nivel de centralización y no debería implicar la autodisolución de las redes internacionales. Éstas podrían adherir a una Quinta Internacional manteniendo sus características, aunque tal adhesión sería una prueba de que todas las redes o grandes movimientos nacionales tienen el propósito de ir más allá de frentes puntuales, como los que se constituyeron con motivo de la Cumbre del Clima de Copenhague, la soberanía alimentaria, la deuda… Tenemos banderas comunes con varias redes, y eso es positivo. Pero si fuese posible llegar a formar un frente permanente… Con esta última expresión, tal vez esté dando un elemento de definición. Para mí, la Quinta Internacional debería ser, en la situación actual, un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales. El término "frente" implica, claramente, que cada uno mantendría su identidad, pero que daría prioridad a lo que los une para alcanzar determinados objetivos en común y avanzar en la lucha. Los últimos meses fueron una nueva demostración de la necesidad de aumentar la capacidad de movilización, porque la movilización contra el golpe en Honduras fue totalmente insuficiente. Es preocupante, porque como los Estados Unidos apoyaron el golpe legitimando las elecciones, fuerzas golpistas en todo el mundo consideran que esa es nuevamente una opción razonable. En Paraguay, por ejemplo, la discusión de los golpistas es "¿Para cuándo? ¿Cómo?". Pero están convencidos de que es preciso ejecutar un golpe a partir del Congreso Nacional contra Lugo. Esto muestra que la movilización relacionada con Honduras fue insuficiente, pero también la relacionada con Copenhague y, ahora, con Haití. La respuesta frente a la intervención de los Estados Unidos en Haití es totalmente insuficiente.¿Entonces cree que es posible, en una Quinta Internacional, conciliar, en torno a acciones políticas comunes, las distintas corrientes de izquierda que formarían esa nueva organización?Sí, pienso que es necesario comenzar con un diálogo consultivo para intentar llegar a ese resultado. No podemos precipitarnos. La Quinta Internacional, para ser algo realmente efectivo, tiene que escuchar y reunir una cantidad muy significativa de organizaciones. Hacer una Quinta Internacional con una pequeña parte del movimiento no valdría la pena. Sería matar el proyecto o limitarlo. Abrir la perspectiva de un debate sobre ello me parece muy necesario.En una entrevista usted dijo que el Foro Social de Belem, llevado a cabo en enero del año pasado, fue la primera gran movilización internacional contra la crisis. Ahora dice que no hubo una respuesta satisfactoria contra lo ocurrido en Honduras y en Haití. ¿Qué ocurrió? ¿Qué está faltando?Sí, tiene toda la razón de hacer notar el defasaje entre el gran éxito de Belem y lo que ocurrió después. El saldo de 2009 es preocupante. No hubo, en las mayores economías industrializadas, en el epicentro de la crisis, manifestaciones sociales importantes. Sólo se realizaron grandes manifestaciones en Francia 4 y Alemania, en particular en Francia, donde más de un millón y medio de manifestantes se lanzaron a las calles en dos marchas durante el primer trimestre. En Estados Unidos, hubo algunas huelgas pero pocas. Allí la movilización es difícil para los sectores que sufren más con la crisis. Es como si la gente estuviese agotada. El desempleo aumentó de manera muy fuerte en el Norte; por ejemplo, en España, se pasó del 10 % al 20 % de la población económicamente activa., algo que no había ocurrido en los últimos 30 años. En cuanto al Sur, gobiernos como el de Lula dan la impresión de que Brasil y otros países del Sur no se verán afectado por la crisis del Norte, debido a que se tomaron medidas económicas y financieras que les permiten blindarse. Entonces, en el Sur hay también un bajo nivel de movilización en relación con la crisis internacional. Pero quiero hacer una comparación histórica. Después de la crisis de 1929 en Wall Street, la lucha social radical en el plano internacional comenzó en 1933, 1934 y 1935. Vemos así que históricamente la reacción de las masas no es inmediata. Si la crisis continúa, y sus efectos se mantienen muy fuertes, al final la gente comenzará a movilizarse masivamente.¿Pero, además de este análisis histórico, cree que la izquierda tampoco supo prepararse para dar una respuesta adecuada?Ese es otro aspecto. Hemos visto, por ejemplo, que la juventud brasileña del Estado de Pará estaba muy interesada, asistió en masa al Fórum Social de Belém. Y participó en los debates en los que se hablaba de alternativas radicales. Pero como el Foro Social Mundial no es un instrumento de movilización… Además, las dirigencias de los sindicatos están muy burocratizadas. La política de los dirigentes sindicales consiste en esperar que las decisiones del gobierno eviten un gran shock. Acompañan y apoyan las políticas gubernamentales que limitan un poco el costo de la crisis para los más oprimidos. Existe una falta de voluntad por parte de los dirigentes sindicales, de los partidos de izquierda o de los partidos "socialistas", que hace que los gobiernos continúen aplicando, en los países del Norte, soluciones sociales-liberales o neoliberales. No hay voluntad de implementar ni siquiera una política neokeynesiana. El New Deal de Roosevelt (Franklin Delano, por entonces presidente estadounidense), de 1933, en comparación con las políticas de Barak Obama, o de gobiernos como el de José Luís Rodríguez Zapatero (presidente del gobierno español, del Partido Socialista Obrero Español) y el de Gordon Brown (primer ministro británico, del Partido Laborista), parece de una izquierda radical. Por lo tanto, queda claro que existe una enorme responsabilidad de las direcciones de los partidos tradicionales de izquierda, los sindicatos y una gran debilidad en el Foro Social Mundial para hacer frente a la crisis. Por eso, retorno al primer punto de la entrevista: necesitamos un nuevo instrumento.¿Cree que, con esta crisis, definitivamente se inauguró o puede inaugurarse en un futuro próximo una nueva era de multipolaridad?Es evidente que la dominación económica de los Estados Unidos no es la misma que la de hace 20 años. Los Estados Unidos perdieron la primacía económica, pero es el único país que combina: dominación industrial -aunque en ese aspecto se esté debilitando-, una moneda que aunque debilitada continúa siendo la moneda internacional, y una presencia militar permanente en más de cien países, teniendo además una aceitada maquinaria para invadir territorios. Hace cinco meses publiqué un artículo en el que interpretaba el golpe en Honduras y las siete bases en Colombia como una demostración evidente de la agresividad norteamericana contra América Latina.Algunos periodistas reaccionaron diciendo que yo estaba exagerando, que los Estados Unidos. no podían lanzar una intervención militar en América Latina, ya que no tienen disponibilidad de fuerzas por estar atrapados en Afganistán, Pakistán e Irak. Pero ahora, en dos días, fueron capaces de mandar 15.000 soldados a Haití. Por lo tanto, sí, reafirmo: los Estados Unidos continúan siendo una potencia capaz de agredir, de mandar equipamientos y materiales militares a todos lados. El caso de Haití es muy emblemático, ya que muestra que mantienen una gran capacidad y velocidad de reacción. La potencia estadounidense continúa siendo la principal del mundo en términos estratégicos. Está claro que están surgiendo otras nuevas, como China, la Unión Europea, y por detrás, Rusia, India y Brasil, que son potencias regionales. El concepto que para mí define la actuación internacional de Brasil es el de "imperialismo periférico". Imperialismo, ¿por qué? Porque Brasil considera a los países vecinos como una potencia imperialista tradicional. Los considera como países destinatarios de inversiones de sus empresas trasnacionales, y la política externa del gobierno brasileño tiende a apoyar la estrategia de expansión de esas corporaciones: Petrobras, Vale do Rio Doce, Odebrecht, etc., que están presentes en Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Chile, Argentina e inclusive África, donde han hecho inversiones importantes. Entonces existe un carácter multipolar en el sentido de que no hay un superimperialismo, sino potencias imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea, Japón) entre las que existen imperialismos periféricos como Brasil y Rusia. Los llamados Bric [acrónimo de Brasil, Rusia, India y China) no constituyen una alternativa progresista a los viejos imperialismos. Lo que buscan es negociar con ellos un lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales. Por eso considero que no existe ninguna potencia progresista a la que podríamos apoyar. Pero existe sí una iniciativa como el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, propuesta por el presidente venezolano Hugo Chávez), cuyos integrantes, felizmente, no son países imperialistas. Alternativas regionales como ésta, son muy importantes. Mi preocupación al respecto es que se debería ir más allá de los discursos, aumentando mucho más la integración entre los países miembros. Aunque es preciso destacar cosas positivas: en la reunión del ALBA del día 25 de enero 2010 se decidió anular la deuda de Haití con sus países miembros, dando una lección a las potencias que se reunieron en Montreal el mismo día, para discutir el alivio de la deuda de Haití, condicionándola a la aceptación de medidas de ajuste estructural.¿En este contexto, cómo evalúa el avance de iniciativas como la del Banco del Sur? ¿Cree que ese proyecto se encuentra en una etapa satisfactoria?En 2007 participé, a pedido del gobierno de Rafael Correa y de su ministro de Economía y Finanzas, en la redacción de la posición de Ecuador con respecto al Banco del Sur. El proyecto que el país defendía era un modelo de Banco para financiar proyectos públicos o de comunidades tradicionales, nativas, etc. Por ejemplo, financiar a nivel regional, una política de soberanía alimentaria, potenciar las reformas agrarias necesarias, las reformas urbanas, la interconexión ferroviaria -y no la de autopistas-. Esta es una de las opciones posibles para el Banco del Sur. Brasil y Argentina tienen otro proyecto. Quieren el Banco para financiar proyectos, en los países más pobres, que forman parte de la iniciativa IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), es decir proyectos de obras públicas en el marco de IIRSA, mediante la contratación de empresas brasileñas o argentinas. O sea, de nuevo dinero público para contratar empresas privadas, para grandes proyectos que no respetan el medio ambiente y que no dan prioridad a la mejora de la situación de las masas. Y la opción de Brasil y Argentina es la que comienza a dominar en las negociaciones del Banco del Sur. Es necesario que los gobiernos de izquierda de verdad opten por una integración de los pueblos, y no por favorecer a grandes empresas multinacionales, sean éstas del Sur o del Norte. Una integración que no tome como modelo la construcción europea. En Europa tenemos integración, pero totalmente dominada por la lógica de la acumulación del capital privado, o sea, la lógica liberal o neoliberal. Con los gobiernos existentes en América Latina, con la fuerza de los movimientos sociales y con la tradición de las luchas radicales, es el lugar del mundo en el que se puede implementar un modelo alternativo, y no más de lo mismo.
Usted acostumbra a decir que hay dos izquierdas: la ecosocialista y la social-liberal. ¿Cómo se explica que a pesar de que el modelo neoliberal haya sido puesto en jaque a causa de la crisis, ha sido el presidente Lula -al que usted ubica entre los social-liberales- uno de los que salieron más fortalecidos por ella?Fundamentalmente, lo que define la suerte de un país son las movilizaciones sociales, las experiencias que las masas acumulan a través de su movilización. Y vemos que los países donde los gobiernos, en el ámbito político, son los más avanzados, son aquellos que tuvieron los movimientos sociales más radicales. Ese nivel de movilización social ejerce una presión que empuja a los gobiernos hacia medidas políticas y sociales más coherentes con la opción de izquierda. Lamentablemente, en Brasil no hubo, en los últimos cinco o seis años, ese nivel de movilización. Y el gobierno, además de eso, comenzó con una situación económica favorable. Entre 2003 y 2008, hubo un aumento en el precio internacional de las materias primas, un aumento que acompañaba la burbuja especulativa del norte y generaba más exportaciones para el país. Y, hasta ahora, como comentamos antes, la crisis internacional no afectó inmediatamente a Brasil. Por ello, el Gobierno podrá presentar como resultado de su política una situación económica que no depende exactamente de la misma. A no ser por el hecho de mantener tasas de interés muy altas, que permitió a los bancos privados brasileños no tener que invertir tanto en subprimes estadounidenses para obtener mayores beneficios, porque ya los obtenían con sus altos intereses. Está claro que no apoyo la política de tasas de interés altas, pero, en un mundo en el que los bancos pueden mover fácilmente su capital, esa medida protegió, de algún modo, el sistema bancario de Brasil.¿Pero por qué razones, además de las tasas de interés, Brasil no fue afectado por la crisis?Porque la caída de los precios de las materias primas que ocurrió en el segundo semestre de 2008 fue seguida por un alza. Los ingresos por exportación se mantuvieron y el colchón social representado por el programa de Bolsa Familia proporcionó a los sectores pobres cierto nivel de consumo que mantuvo el mercado interno. La pregunta es: ¿qué va a ocurrir en los próximos años? ¿Qué va a ocurrir con el crecimiento de China? Puede o no seguir con el actual crecimiento. Sabemos que en China existe una burbuja inmobiliaria, una burbuja en la Bolsa de Valores, una explosión de deudas. El crecimiento en China se debe a la muy importante inyección de gasto público por parte del gobierno para contraatacar la pérdida de mercados externos debido a la crisis en los Estados Unidos, Europa y Japón. Se mantiene el nivel de crecimiento, pero de manera artificial, por medio de esas burbujas. En la situación mundial actual, China es la locomotora de lo que resta de crecimiento económico. Sin China, estaríamos en una recesión mundial al estado puro. La situación de Brasil está relacionada con China por medio de las exportaciones de minerales, etc., pero también porque la situación de China mantiene la economía mundial en cierto nivel de crecimiento. Si China cae, lo que para mí no es una certeza, pero sí una posibilidad, afectará a Brasil, que también sufrirá las consecuencias si ocurrieran otras explosiones financieras internacionales, porque existen otras bombas, como los precios de las materias primas, que son más altos de lo que la actividad económica justifica. Hay una inversión especulativa en materias primas de varios productos alimenticios exportados por Brasil, como la soja. Si esa burbuja especulativa explotase, tendremos una reducción en los precios de estos productos, y eso golpeará a Brasil. Por eso la idea de que Brasil tiene una economía blindada es falsa. Depende de la evolución internacional sobre la que no tiene control. Lo que Brasil podría hacer para reparar esta situación es conseguir un crecimiento mayor de su mercado interno, protección, ejercer más control sobre los movimientos de capitales, implementar otro modelo económico - un modelo redistributivo-, atacar a los monopolios, a los especuladores, realizar una reforma agraria y urbana radical. Este podría ser un modelo dentro de un marco de integración regional. Pero eso implicaría un cambio de opciones en el gobierno.¿Cómo evalúa las respuestas a la crisis por parte de los gobiernos más progresistas como Venezuela, Bolivia y Ecuador?Hubo un aspecto positivo, no solo por parte de esos tres gobiernos, sino también, de alguna manera, en las gestiones de Lula, Cristina Fernández de Kirchner (presidenta de Argentina) y Michelle Bachelet (presidenta de Chile). O sea, a pesar de las recomendaciones del FMI, de reducir el gasto público, los gobiernos aplicaron políticas heterodoxas. Incluso el gobierno de Alan García, del Perú, que es un gobierno de derecha. Eso les permitió mantener un cierto nivel de crecimiento económico. La reacción de Bolivia, Ecuador y Venezuela fue realizada por gobiernos que no tienen las mismas características. De los tres, el que actuó más radicalmente sobre la política económica fue el de Hugo Chávez, con más nacionalizaciones. Pero, francamente, las políticas de Correa, Chávez y Evo Morales no son tan diferentes de las de otros gobiernos en la región. No hay una diferencia radical en el aspecto económico. Creo que hay grandes diferencias en términos de antiimperialismo, de reformas constitucionales, de recuperación de control de los recursos naturales. Pero sería una simplificación decir que hay diferencias astronómicas entre las experiencias económicas de la región. Personalmente, preferiría poder decir que los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia están implementando un modelo realmente alternativo. Sin embargo todavía no es el caso. Hay anuncios y perspectivas que pueden ser muy interesantes, pero no deben confundirse discursos e intenciones con hechos reales.¿Cómo está actualmente el debate acerca de la deuda pública?El tema de la deuda tiene sus altos y bajos. El tema era muy candente en los años ochenta, y volvió a tener mucha fuerza con el default de Argentina al final de 2001. Ahora estamos de nuevo en una situación de tensión, pero es solo el inicio. Entre 2007 y 2008, Ecuador formó una comisión para la auditoria de la deuda de la que formé parte. Sobre la base de nuestras conclusiones, el gobierno de Correa decidió suspender el pago de 3.200 millones de dólares de deudas en títulos comerciales vendidos en Wall Street y que vencían entre 2012 y 2030. Correa suspendió el pago a partir de noviembre de 2008 y enfrentó a los acreedores, los poseedores de títulos. Y consiguió, el 10 de junio de 2009, que el 91 % de los títulos fuesen vendidos por sus dueños al gobierno de Ecuador con un descuento del 65 %. O sea, Ecuador compró títulos con un valor total de 3.200 millones de dólares pagando sólo 1.000 millones. Economizó entonces 2.200 millones de dólares y todos los intereses que el país tenía que pagar hasta el año 2030. Esto demuestra que incluso un pequeño país puede enfrentarse a los poseedores de títulos e imponerles un "sacrificio". Esos poseedores, que siempre ganaron, tuvieron que abandonar la perspectiva de continuar ganando mucho dinero con sus títulos. La lección es que, si Ecuador consiguió hacerlo, países como Brasil, Argentina y otros también lo podrían hacer.Argentina había suspendido el pago en 2001, pero en 2005, cometió el error fundamental de canjear los títulos en vez de comprarlos o anularlos totalmente. Canjearon con descuentos, pero debieron seguir pagando los intereses, con una alta tasa. Actualmente la deuda Argentina tiene el mismo volumen que en 2001. La cuestión del pago de la deuda volverá a la escena internacional debido a dos factores fundamentales. Primero, la crisis económico-financiera, que hizo disminuir las exportaciones del Sur y los ingresos fiscales correspondientes, lo que vuelve más difícil el reembolso de la deuda pública interna y externa. El segundo factor es el aumento del costo de refinanciación de la deuda. Como los banqueros del Norte entraron en crisis, su tendencia es exigir más a los países del Sur que desean endeudarse a nivel internacional.Notas:1 Periódico semanal brasilero de ámbito nacional. Editado y de propiedad de movimientos sociales, entre ellos organizaciones como Vía Campesina, Consulta Popular, pastorales sociales vinculadas a la iglesia católica progresista, sindicatos, partidos de izquierda, colectivos feministas, organizaciones estudiantiles... http://www.brasildefato.com.br/v01/agencia/entrevistas/para-alem-do-forum-social-mundial-a-quinta-internacional2 Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) http://www.mst.org.br3 Instituto Brasileiro de Análises Sócio-Econômicas (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos). http://www.ibase.org.br4 También se deben mencionar las extraordinarias huelgas en Martinica y Guadalupe, territorios franceses de ultramar.Fuente: http://www.cadtm.org/Entrevista-a-Eric-Toussaint-Mas